La decisión norteamericana desató un inmediato rechazo internacional encabezado por la Unión Europea y el Reino Unido, quienes advirtieron que levantar restricciones financieras a Moscú solo servirá para oxigenar las arcas del Kremlin. Por su parte, la diplomacia ucraniana cerró filas en torno a su jefe de Estado al asegurar que la estabilidad institucional del país depende exclusivamente del respaldo popular de sus ciudadanos.
El giro diplomático coincide con un contexto electoral crítico para el partido republicano, que busca conservar el control del Congreso norteamericano en medio de la crisis energética desatada tras la escalada bélica en Oriente Medio. Además, la administración Trump recriminó al gobierno ucraniano por desobedecer sus peticiones directas de abstenerse de bombardear las refinerías en territorio ruso.
Mientras la vía diplomática permanece estancada tras cuatro años de hostilidades, un mortífero ataque ruso con bombas aéreas dejó al menos una veintena de fallecidos en la localidad de Zaporiyia. Ante el brutal impacto sobre zonas residenciales, la presidencia de Ucrania señaló que la ofensiva enemiga responde al alivio de sanciones otorgado recientemente por Washington a Moscú.